Cumbia del sureste (también llamada “chunchaca”) es una variante regional de la cumbia mexicana desarrollada en el sureste de México (Veracruz, Tabasco, Campeche, Chiapas, Yucatán, Quintana Roo y zonas de Oaxaca).
Su sello sonoro combina secciones de saxofones —con frecuente protagonismo del saxofón soprano— y sintetizadores que llevan el compás, sobre batería acústica (hi‑hat muy marcado, caja y toms para paradas y rellenos) y tumbadoras; también se emplean güiro/guacharaca de manera ligera y, en ocasiones, trompetas y arpa. La mezcla deja atrás el gran formato orquestal y adopta un enfoque eléctrico/tropical sin llegar a tecnocumbia. Las letras suelen ser festivas, románticas o humorísticas e invitan al baile.
La cumbia llega al sureste mexicano en la década de 1960, donde se acopla a una escena tropical previamente marcada por ritmos cubanos de salón (p. ej., danzón) y por dotaciones de vientos. En ese entorno, agrupaciones versátiles como Los Socios del Ritmo (fundados en 1962 en Campeche), Chucho Pinto y sus Kassino y Los Joao comienzan a perfilar un timbre local de cumbia con saxofones y, luego, sintetizadores. La denominación coloquial “chunchaca” alude al pulso insistente de bajo y güiro propio del estilo.
Durante los años setenta y ochenta el estilo se consolida y se vuelve masivo en la región gracias a agrupaciones surgidas —en su mayoría— de poblados veracruzanos y campechanos. Se estandariza la instrumentación (sax + teclados + batería y tumbadoras) y el carácter bailable/festivo. Algunos conjuntos experimentan con merengue y guaracha; la proyección de estas bandas alcanza Centroamérica, donde el color “chunchaca” es adoptado por escenas locales.
A partir de los noventa el impacto nacional disminuye, pero el estilo permanece fuerte en su territorio y migra hacia configuraciones más electrónicas (tecladistas solistas y pequeñas formaciones). En paralelo, nuevas generaciones lo cruzan con son jarocho, ska, reggae y hip hop, manteniendo vivo el ADN suresteño en ferias, bailes populares y festivales.
Parte de una base rítmica con batería acústica (hi‑hat marcando el compás de cumbia), tumbadoras y güiro/guacharaca suave. Construye motivos melódicos con saxofón (soprano/alto) y usa sintetizadores para riffs de acompañamiento, colchones y líneas de bajo; ocasionalmente añade trompetas o arpa como colores. Este balance eléctrico‑tropical caracteriza al estilo sin volverse tecnocumbia.
Emplea el patrón binario de cumbia (2/4) con bajo que refuerza el “tum‑pa” y contratiempos claros en hi‑hat. Mantén un tempo medio bailable; deja espacio a paradas (“paros”) y fills de toms/caja para acentos de sección.
Trabaja progresiones sencillas (I–V–IV/II–V) y centros mayores; el sax lidera con hooks cantables, apoyado por respuestas de sintetizador. En los coros, dobla melodías con sax/teclado para engrosar el unísono.
Estructuras verso–coro con puentes instrumentales para solos de sax o teclados. Las letras, en tono romántico, costumbrista o humorístico, deben invitar a la fiesta y al baile colectivo.
Ecualiza el sax brillante y los teclados con cuerpo medio; deja el güiro bajo en la mezcla y el hi‑hat presente para “marcar” el compás. Evita capas electrónicas agresivas; el objetivo es un groove cálido, playero y popular.